Obra
Encofrar una curva: la escalera del Pabellón Tajo
Una escalera helicoidal de hormigón visto no se dibuja: se construye dos veces, una en madera y otra en piedra líquida.

La escalera que une el vestíbulo del Pabellón Tajo con el mirador da una vuelta completa en 4,2 metros de altura. En los planos ocupa una hoja. En la obra ocupó tres semanas de carpintería y una mañana de hormigonado.
El molde es el proyecto
En una pieza curva de hormigón visto, el encofrado no es un medio auxiliar: es la forma definitiva vista del revés. Cada tabla deja su veta en la superficie, así que decidimos el ancho de las tablas, su dirección y la posición de cada junta antes de cortar la primera.
Usamos tablas de pino de 10 cm, curvadas en seco sobre costillas de contrachapado cortadas por control numérico. Las costillas salieron directamente del modelo 3D del proyecto: lo que dibujamos en el estudio es, literalmente, lo que montaron los carpinteros.
Si la cimbra está bien, el hormigón solo tiene que obedecer.
Un vertido sin pausas
Una junta fría a media altura habría partido la espiral en dos. Hormigonamos de una vez, con un hormigón autocompactante de árido fino y un aditivo que retrasa el fraguado lo justo para que la última tongada pudiera unirse a la primera.

Desencofrar fue el momento más tenso de la obra. Salió sin coqueras y sin reparaciones. La única intervención posterior fue un hidrofugante transparente que no cambia el color del hormigón.


